El origen de la naranja valenciana: una historia de sol, tierra y tradición
Un fruto con raíces profundas
La historia de la naranja valenciana está íntimamente ligada a la historia de nuestra tierra. Aunque el naranjo no es originario de la península ibérica, fue en Valencia donde encontró el clima, el suelo y el mimo necesarios para convertirse en el símbolo que es hoy. Las primeras referencias al cultivo de cítricos en esta región se remontan a la época musulmana, cuando los árabes introdujeron el naranjo agrio (Citrus aurantium) por su valor ornamental y medicinal.
Del naranjo agrio a la naranja dulce
No fue hasta el siglo XV cuando las naranjas dulces llegaron desde Asia a través de las rutas comerciales portuguesas y genovesas. Pronto, los agricultores valencianos vieron el potencial de este fruto no solo por su sabor, sino también por su capacidad para prosperar en los fértiles suelos de la ribera del Turia y del Júcar. A lo largo de los siglos XVII y XVIII, las plantaciones se expandieron, y el naranjo dulce se convirtió en un cultivo emblemático de la región.
El auge del comercio y la exportación
Durante el siglo XIX, la naranja valenciana vivió su auténtico boom. Gracias a la llegada del ferrocarril y a la mejora de las comunicaciones con los puertos del Mediterráneo, las naranjas pudieron viajar frescas a mercados tan lejanos como Inglaterra, Francia o Alemania. Los agricultores valencianos perfeccionaron técnicas de recolección, embalaje y envío, consolidando una reputación de calidad que aún hoy se mantiene.
La denominación de origen y el valor del trabajo local
En la actualidad, la Indicación Geográfica Protegida (IGP) Cítricos Valencianos garantiza que las naranjas cultivadas bajo este sello proceden de explotaciones que mantienen los métodos tradicionales de cultivo y recolección. Cada naranja es el resultado de un esfuerzo colectivo que combina la experiencia de generaciones con prácticas agrícolas sostenibles y respetuosas con el medio ambiente.
Más que un fruto: un emblema cultural
La naranja no es solo una fruta para los valencianos; es un símbolo de identidad. Su aroma impregna las calles en primavera, su sabor nos acompaña en los desayunos, y su imagen está presente en nuestras fiestas y tradiciones. Representa la alegría, la hospitalidad y la conexión con la tierra que caracteriza a nuestra gente.
Saborea el legado de nuestra tierra
Cuando pruebas una naranja de Naranjas del Turia, no estás disfrutando solo de una fruta: estás saboreando siglos de historia, cultura y trabajo bien hecho. Cada gajo es un homenaje al sol, al agua y a las manos que cuidan los naranjos día tras día.
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